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miércoles, 8 de julio de 2009

Aprendiendo idiomas: "The Guardian enseña a gesticular como un español"

Parece ser que aprender idiomas es un problema generalizado en nuestra plural Europa, no sólo en España en general o Extremadura en particular, y cualquier iniciativa es bienvenida si constituye alguna pequeña ayuda en la difícil inmersión lingüística.

Trasteando por la red he encontrado un curioso artículo en el País con unas ilustraciones que no puede desaprovechar y me veo obligado a compartir, por lo menos para intentar esbozar una sonrisa en estas calurosas y estivales noches. Ahora espero que el País publique un artículo similar para que me enseñe el Inglés por gestos, ya que si utilizo los nuestros a lo mejor no son recibidos correctamente. De momento os reproduzco las ilustraciones de la segunda parte (de cuatro) y el artículo El País sobre la primera parte. ¡Estoy esperando las siguientes partes! ¡Pueden ser gloriosas! (incluyo enlaces al final):

"Me parto de risa"
Literally: "I'm laughing so hard I'm splitting in half". Only used sarcastically.
How to do it: hand is tapped, palm up, against the lower abdomen a few times.


"Hasta aquí (de harto)"
"I've had it up to here"
How to do it: the hand is raised to the temple and then quickly jerked away upward


"Estás loco"
"You are crazy" (either to the person being addressed or describing someone else)
How to do it: raise two fingers to the temple and rotate the hand around this point.


"Cara dura"
"He/she has got a nerve" (or more literally: "How cheeky!")
How to do it: the fingers of one hand are tapped against the cheek; palm can be facing in or out.


"The Guardian enseña a gesticular como un español"
La versión digital del periódico británico incluye ilustraciones para aprender a decir "está lleno de gente" o "qué huevón"

ELPAÍS.com - Madrid - 07/07/2009

Nada como hablar español con los gestos propios de los españoles. The Guardian ha ensayado una manera de enseñarlos mediante una serie de instrucciones ilustradas cuya primera parte incluye cuatro expresiones "típicas". Las elegidas por el periódico británico son: "Qué huevón/huevona", "Güeno, güeno, güeno", "Estoy a dos velas" y "Está lleno de gente".

Para expresar con lenguaje no verbal la frase It's full of people/it's packed hay que colocar una o ambas manos adelante del cuerpo y, después, abrir y cerrar rápidamente los dedos. El extranjero que siga estas instrucciones, según el diario, logrará manifestar mediante señas que "está lleno de gente".

"Estoy a dos velas", cuya traducción literal (down to two candles) no se corresponde con el sentido figurado de I'm totally broke ("no tengo ni un duro"). se consigue frotando los dedos índices y medio -o mayor- por la superficie del rostro, comenzando justo debajo de los ojos. El diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define a "estar a dos velas" como la locución verbal coloquial que significa "sufrir carencia o escasez de dinero".

El gesto de "Qué huevon/huevona" (que el periódico interpreta como la versión en español de He/she's so sluggish and lazy) se obtiene con los brazos flexionados a la altura de la cintura, las palmas ligeramente cerradas y el movimiento ascedente y descente de las extremidades superiores. "Huevón", según el DRAE, tiene tres acepciones: perezoso, imbécil, y animoso y valiente (el adjetivo es empleado con este último sentido en Honduras y Nicaragua).

"Güeno, güeno, güeno" es la última ilustración de esta primera serie de gestos españoles. Really, really, really good, explica The Guardian, pertenece de manera típica a los andaluces. "'Güeno' es una versión dialectal de 'bueno'", indica. Para lograr la expresión hay que formar un círculo con los dedos índice y pulgar, y agitar la mano dos o tres veces. El gesto reflejado por el periódico de Reino Unido simplifica una palabra con diez acepciones en el DRAE. De acuerdo con el diccionario académico, es un adjetivo que sirve para designar al "que tiene bondad en su género", pero también a lo "gustoso, apetecible, agradable y divertido". Como sustantivo, el "bueno" es "el partido que se juega para desempatar" en Argentina y Uruguay.


Enlace a noticia original:

http://www.elpais.com/articulo/gente/The/Guardian/ensena/gesticular/espanol/elpepugen/20090707elpepuage_1/Tes


Enlace al curso de The Guardian:
http://www.guardian.co.uk/education/languageresourcesspanish

viernes, 13 de marzo de 2009

Y EL SOFTWARE DEMOCRÁTICO OS HARÁ LIBRES

Y EL SOFTWARE DEMOCRÁTICO OS HARÁ LIBRES

No todo es Microsoft o Apple. Hay programas que se pueden copiar y modificar. Por la cara y legalmente. Charlamos en Madrid con Richard Stallman, el mesías de esta revolución.

PARA un cara a cara con Richard Stallman (Nueva York, 1953), el mesías que inventó el software libre y popularizó el término copyleft (que promueve la copia), es necesario hacer los deberes y llenarse la cabeza de conceptos. El inventor de la primera alternativa a los sistemas de Microsoft (Windows) y de Apple (Mac Os) tiene manías de estrella: no viaja sin colchón hinchable y da conferencias en calcetines. Sus peculiaridades van más allá de los hábitos. Como reconoce, está "medio sordo", y aunque habla español, hay que pronunciar cada sílaba alto y claro porque está "igual de sordo en todas las lenguas". Y se enfada si no se distingue entre conceptos como GNU/Linux y Linux. Nos aclara por qué: "Creamos [el sistema operativo libre] GNU en los ochenta, pero para ejecutarlo en una máquina hacía falta el núcleo, Linux, un elemento que creó un estudiante finlandés, Linus Torvalds [entonces, en 1991, de 21 años]. El problema es que la gente llamó al conjunto Linux, y no GNU/Linux".

EP3 juega con ventaja. Stallman comparece agotado tras tanta charla en el madrileño Medialab-Prado, donde criticó a Microsoft y Apple y se distanció de la comunidad Linux, que, según él, se ha apartado de la verdadera doctrina al preocuparse por el código -las instrucciones que sigue un ordenador para ejecutar un programa- y no por la solidaridad social.

EP3. Sus teorías se basan en la libertad y la solidaridad. ¿Qué requisitos ha de cumplir un software para ser libre?

Richard Stallman. Debe permitir al usuario utilizar el programa como desee; estudiarlo y adaptarlo; dar la opción de ayudar al prójimo distribuyendo copias y de beneficiar a la comunidad repartiendo versiones modificadas. Un software que da estas cuatro libertades es libre porque sus sistemas de distribución y uso son éticos. Si no, es privativo y es una dictadura. Microsoft lo es: vigila, restringe y ataca. Sus programas hacen cosas malévolas...

EP3. ¿Cómo cuáles?

R. S. Plantean un dilema moral. Si un amigo le pide una copia del programa tendrá que elegir entre dos males: ofrecérsela y romper la licencia, o negársela y respetar el contrato. Conozco dos soluciones al problema: no tener amigos o rechazar el software privativo. Ésta última es mi remedio.

EP3. Su teoría es ideal, pero en la práctica tiene fallos. La mayoría de los usuarios no puede ejercer los derechos que defiende porque no sabe cómo hacerlo.

R. S. Si alguien quiere ser programador, hay un solo camino: elegir software libre y aprender a programar. Es más fácil porque se puede leer su código.

EP3. La Free Knowledge Foundation (FKF), que lidera usted, ha dedicado su energía a crear programas no privativos. Pero se ha despreocupado de crear una comunidad libre capaz de programar.

R. S. En la FKF somos pocos..., pero hay miles de escuelas que forman programadores. ¿Por qué deberíamos desperdiciar el tiempo haciéndolo nosotros? Eso sí, las escuelas tendrían que enseñar software libre. Algunas multinacionales imponen sus programas privativos regalando copias a los institutos para crear dependencia. Es como la droga. La primera dosis sale gratis, pero cuando eres adicto toca pagar.

EP3. Ha criticado Gmail. ¿Por qué?

R. S. Mejor no confiar sus correos a una empresa. Y menos aún si es de EE UU.

EP3. ¿Hay alternativas?

R. S. La FKF tiene servidor de correo.

EP3. ¿Todos podemos abrir una cuenta?

R. S. No. Pero un grupo puede montar su propio servidor de correo.

EP3. Conocer el código fuente no sirve de nada si no se sabe programar.

R. S. Pero el usuario puede contratar a alguien para que modifique un programa.

EP3. ¿No está en contra del negocio?

R. S. No soy comunista, no quiero eliminar el negocio. Pero algunas empresas convierten al consumidor en prisionero.

EP3. ¿Qué opina de la crisis musical?

R. S. Las multinacionales merecen fracasar, han comprado leyes para atacarnos. No estoy en contra de producir discos y venderlos si se pueden compartir copias. Esto no significa eliminar el derecho de autor. Mis ideas dependen del uso que se haga de la obra. Distingo tres tipos de creaciones: las de uso práctico; las que transmiten el pensamiento, y las de arte y diversión. Las prácticas deben ser libres. El software es un ejemplo. No sirve para admirar su código fuente. La finalidad de un programa es ser ejecutado. Es como una receta. Imagina que un día el Estado dice a los cocineros: "A partir de hoy, si copiáis o cambiáis una receta os llamaremos piratas y os meteremos en prisión". La tendencia de copiar, cambiar y mejorar programas no es casual. Es una consecuencia lógica.


Enlace al artículo original


sábado, 11 de octubre de 2008

La educación irremediable

La educación irremediable

Fernando Savater 11/10/2008

Lo importante es saber quién va a enseñar y qué se va a enseñar. Pero mientras en Europa se debate sobre la relación entre libertad y desigualdad, en España se discute sobre la educación en valores y la inmersión lingüística.

Durante muchos años, algunos nostálgicos hemos mantenido intacto el culto a la escuela republicana francesa como ideal de esa educación ilustrada, igualitaria y laica que en tantos sitios nunca se ha logrado y en otros parece haberse perdido. Sin embargo, hoy también ese envidiable parangón está en entredicho y padece peligrosas asechanzas. Pero como quien tuvo retuvo, esa relativa degradación es vista como un serio problema social y político por nuestros vecinos. Menudean los artículos sobre el tema en los principales periódicos y han aparecido o están a punto de aparecer diversos libros que debaten la situación con amplio eco público. El proceso de corrupción gradual de la escuela republicana sigue pautas que nosotros en España conocemos ya bastante bien: los reaccionarios de derechas que se oponen a la separación efectiva de la Iglesia y el Estado pretenden en cambio imponer la separación gradual del Estado y la educación. A este fin procuran presentar como una "modernización" cuanto favorece el crecimiento de la escuela privada, con un truco impecable: lograr que quienes compiten con ella desde lo privado, por medio de concertaciones, lo hagan con el apoyo de los mismos fondos públicos.

El paso siguiente será el bono o cheque escolar, que permitirá a los padres mayor capacidad de elección de centro... lo cual favorece a quienes tienen más nivel cultural previo para ejercer la elección y desprotege a las familias que poco o nada saben de tales cuestiones. Ya no se trata de "los chicos con los chicos, las chicas con las chicas" sino también "los hijos de los cultos y los acomodados con sus iguales, los pobretes con quienes les toque al final de la cola". Como concluyó un estudio llevado a cabo en 2007 por la APED (Appel Pour une École Democratique), "en el contexto de los países industrializados avanzados de Europa occidental, el aumento de libertad de elección en materia de enseñanza primaria y secundaria se traduce como media por un aumento importante de la determinación social de las prestaciones escolares y por tanto de la desigualdad". En Francia esto equivale a un empobrecimiento de recursos para la educación pública, disminución de horas de clase (sólo cuatro días a la semana), temarios cada vez más escuálidos y confusos... Esto es al menos lo que denuncia el diputado socialista Jack Lang, que fue ministro de Cultura y ministro de Educación, en su carta a Xavier Darcos (actual ministro de Educación) titulada L'école abandonée (editorial Calman-Lévy) y también lo que sostiene Muriel Fitoussi en su Main basse sur l'école publique (editorial Demopolis), libros destinados a crear polémica en esta rentrée.

Desde luego, este nivel de discusión no tiene lugar entre nosotros. Aquí la cuestión educativa fundamental es el tema de la asignatura Educación para la Ciudadanía, convertida en problema por la manipulación mentirosa de la jerarquía católica secundada por los representantes más miopes del PP, querella encima achacada por algunos medios a la intransigencia gubernamental, cuando el ministerio ha estado siempre a la defensiva en este tema y de modo bastante timorato. Resulta que después de tantos seminarios y discursos sobre la urgencia de la "educación en valores", ahora los inquisidores decretan que educar en valores es adoctrinamiento intolerable: y últimamente ya no sólo van contra la Educación para la Ciudadanía sino también contra la de Ciencias para el Mundo Contemporáneo, culpable de contraponer el trabajo científico basado en pruebas a las creencias, que quedan reducidas a meras opiniones (según denuncia ese nuevo Malleus Maleficarum que es el suplemento Alfa & Omega de Abc). ¡Y éstos son los que llaman arcaicos a los "progres"!

La segunda preocupación de las autoridades educativas de nuestro país, en este caso nacionalistas, es asegurar la inmersión lingüística de los alumnos y garantizar que no estudien en castellano ni por casualidad para que no se distraigan y aprendan bien la lengua que cuenta, que es siempre la "otra". A este respecto no deja de ser interesante uno de los pocos puntos de acuerdo que tiene Jack Lang con el actual ministro de Educación al que critica en el libro antes mencionado: "Estos programas aprobados por usted se ordenan alrededor de la columna vertebral de la cultura: la lengua nacional, nuestra casa común. De ella procede todo. Hacia ella todo converge. Madre de las otras disciplinas, es el saber de los saberes. Un niño que no encuentra la llave de acceso a nuestra lengua es un niño herido, mutilado, humillado, excluido". Quien así habla -¡no quiero ni pensar lo que le llamarían aquí!- es un socialista francés (no bretón, ni vasco, ni provenzal, ni corso, ni normando, ni...), es decir, una variedad política sin equivalente hoy en España.

De modo que cuestiones más sofisticadas o sencillamente menos sectarias no reciben atención pública ninguna entre nosotros. Por ejemplo, el libro de Daniel Pennac Mal de escuela (editorial Mondadori, con meritoria traducción de Manuel Serrat) ha suscitado un notable revuelo en Francia: no trata de asignaturas ni de leyes educativas, sino del proceso de aprendizaje visto desde el que no aprende, el cancre o zoquete, que en este caso es un popular escritor hablando en primera persona. Una obra paralela aunque con la perspectiva opuesta -el profesor que quiere pero que apenas puede enseñar- fue publicada hace muy poco en España: El profesor en la trinchera, de José Sánchez Tortosa (editorial La Esfera de los Libros). En este caso no hubo revuelo público, ni polémica, ni nada de nada, ¡ay! Ambos libros son alarmantes y divertidos, humorísticos y algo trágicos, aunque a mi juicio es superior el de Sánchez Tortosa, porque el de Pennac -simpático y perspicaz, desde luego- resulta bastante repetitivo y finalmente un poco "blando". Sin embargo, ya digo: como si nada. Si entre nosotros se habla de alguno, será del francés y no del que describe lo que ocurre en nuestros institutos: así vamos, culturalmente hablando.

ENLACE ORIGINAL AL ARTÍCULO:

domingo, 10 de agosto de 2008

Cien escritores en español eligen los 100 libros que cambiaron su vida


De un lugar de la Mancha al despertar de la conciencia feminista, con parada en otros 98 escenarios de la literatura universal. 'El País Semanal' ha preguntado a 100 escritores de habla hispana los 100 libros que les han marcado. Aquí está el resultado: los títulos que les abrieron la mente y ya nunca se la cerraron. Una lista imprescindible. Guiada por las glosas de los cinco primeros títulos a cargo de cinco grandes autores que ejercen, esta vez, de apasionados lectores.

El ser humano es un animal que nace, crece, se reproduce y hace listas. Será porque no podemos resistirnos a transformarlo todo en una competición o porque el mundo necesita ganadores a los que admirar, envidiar o discutir, según la naturaleza de cada uno, y perdedores a los que compadecer, en el mejor de los casos; pero lo cierto es que no hay nadie que esté a salvo de las comparaciones ni oficio que no tenga su olimpiada, y por ese motivo, sin querer oír al escritor Mark Twain, que ya nos avisó de que en este mundo hay tres tipos de mentiras que son los embustes, las patrañas y las encuestas, nos pasamos la vida haciendo precisamente eso, encuestas y sondeos: quién es el político más influyente del país, el más fiable, el que merece menos crédito; quienes son las 10 personas más poderosas, las más admiradas, las más guapas; quiénes son los más ricos, los menos amables, los más deseados, los peor vestidos... El proceso es siempre igual, aunque cambie el nombre que se le da al escrutinio: cuando se habla de banqueros o empresarios, se llama ranking; cuando se habla de deportistas, se llama clasificación, y cuando se trata de literatura, se llama canon, una palabra con muchas esquinas que puede tener un sentido artístico, económico y hasta religioso, pues define desde las reglas que marcaban las proporciones ideales de la figura humana en las culturas clásicas hasta el impuesto que grava los CD vírgenes, pasando por la parte de la misa que empieza con el te ígitur y acaba con el paternóster. Aunque, eso sí, sus primeras acepciones dobles en el Diccionario de la Real Academia Española son: regla o precepto, catálogo o lista.

Los críticos, a veces, son los cítricos con una letra cambiada, y a veces no, pero siempre son muy partidarios de inventar generaciones, hacer antologías y, de vez en cuando, listas de discos, cuadros o libros que por una parte nos proporcionen un modelo y por otra nos den una orden: el resto podréis elegirlo vosotros mismos, pero estos 10, o estos 100, hay que leerlos obligatoriamente. Sin embargo, todo es relativo en lo que respecta a las verdades absolutas, y los cánones siempre son polémicos, discutibles, subjetivos, versátiles y, a menudo, y como consecuencia de todo lo anterior, efímeros. Y, sobre todo, están al alcance de cualquiera, hasta de los propios escritores, como ocurre en este caso, en el que 100 autores hemos respondido a la pregunta de EL PAÍS: ¿qué 10 libros han cambiado tu vida? Me pregunto cuántos habrán dicho toda la verdad y cuántos habrán respondido a la defensiva, pensando en el proverbio chino que dice que las palabras sinceras no son siempre elegantes y las elegantes no son casi nunca sinceras. ¿Qué habrán preferido algunos de ellos: ser francos o quedar bien? Habrá de todo, porque ya se sabe que, tal y como dijo el ganador inapelable y destacado de este concurso, Miguel de Cervantes, en esta vida "cada uno es como Dios lo hizo, y aún peor muchas veces".

Sin duda, las votaciones han dado resultados curiosos, o en algunos casos increíbles: ¿qué hace el Manifiesto comunista, por ejemplo, en el puesto 82, por delante de los sonetos de Quevedo y de El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald? Claro que peor les ha ido a la Divina comedia y a la Iliada, que están en el 60 y en el 77, respectivamente, con lo cual se ve que Dante no ha cuajado por aquí; no como Homero, que ha ganado la medalla de bronce porque tiene la Odisea en el tercer lugar de la clasificación. Eso sí, Dante está al fondo de la lista, pero bien acompañado, porque tiene justo por arriba Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y justo por debajo La regenta, de Clarín. La verdad es que, en el ámbito de la literatura latinoamericana, Jorge Luis Borges les da una paliza a todos, de Gabo a Vargas Llosa, pasando por Rulfo, Cortázar y Onetti: Ficciones es el número 10 del escalafón; El Aleph, el 26; El hacedor, el 58, y hasta hay 23 autores que, haciendo trampas, han colado la obra completa de Borges como el libro que les cambió la vida, con lo cual habrá que pensar que su vida cambió muy lentamente ?aunque no tanto como la de Carlos Fuentes, que coloca La comedia humana, de Balzac, entera, con sus veintitantas novelas y sus dieciocho mil páginas, en quinta posición?, y tanto en prosa como en verso, con ensayos, novelas policiacas y obras hechas en colaboración con otros escritores, ya que todo eso publicó Borges, quien, por cierto, también reunió sus historias fantásticas predilectas en su Biblioteca de Babel, por donde pasaron muchos de los autores que salen en nuestra lista, como Melville, Poe, Robert Louis Stevenson, Henry James y, por supuesto, Kafka, aunque no Shakespeare, que aquí tampoco está entre los escapados, en cabeza de la carrera, sino con el pelotón, porque no aparece hasta los puestos 48 y 49 con El rey Lear y Hamlet, 34 posiciones detrás de la Biblia, por ejemplo. Bueno, tal vez vendría bien recordar lo que le contestó el propio Borges a una alumna de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires que le dijo que Shakespeare la aburría y le preguntó qué podría hacer para remediarlo: "No hagas nada; simplemente no lo leas y espera un poco. Lo que pasa es que Shakespeare todavía no escribió para vos; a lo mejor dentro de cinco años lo hace".

No hay que olvidar que la lista que tenemos entre manos no pretende hacer el inventario de los mejores libros de la historia, sino de los que se supone que han cambiado la vida de los autores que los leyeron, suponiendo que tal cosa sea posible. Pero, sea como sea, algunos de los resultados de la encuesta son llamativos. Por ejemplo, sorprende que, aparte de Federico García Lorca, que ocupa el número 11 con su Poeta en Nueva York, no haya ningún otro miembro de la Generación del 27, ni Luis Cernuda, ni Alberti, ni siquiera Aleixandre, que tuvo tantos discípulos mientras vivía. Aunque aún sea más notable la ausencia de Antonio Machado, al que sólo han votado cinco escritores, y entre ellos sólo un poeta, Luis García Montero, porque los otros cuatro son novelistas: Antonio Muñoz Molina, José María Guelbenzu, Álvaro Pombo y Manuel de Lope. Juan Ramón Jiménez, al menos, salva de la quema Espacio, aunque sea en el vagón de cola de la lista. Quizá todo ello, incluido lo del 27, se explique porque se ha preguntado a muchos menos poetas que narradores -lo cual no impide, sin embargo, que Harri eta herri (Piedra y pueblo), de Gabriel Aresti, cruce la meta con el dorsal 98 a la espalda-, pero ese mismo desequilibrio hace aún más impactante la desaparición absoluta de otro autor que fue muy célebre mientras estuvo a este lado del más allá, recibió elogios a granel, ocupó todas las portadas, recibio todos los premios, desde el Planeta hasta el Nobel, y que ahora, a los seis años de su muerte, no ha recibido ni un solo voto: Camilo José Cela. A nadie nos han cambiado la vida La familia de Pascual Duarte ni La colmena.

Cela escribió mucho, pero lo que escribió pesa poco, por lo visto, incluidas sus obras de mejor reputación. Otros autores, como León Tolstói, no escribieron tanto, pero sus creaciones más importantes se mantienen a flote. Eduardo Mendoza, que por cierto no ha participado en la encuesta, decía hace poco, en una entrevista publicada en Cuadernos Hispanoamericanos, que Tolstói sólo tiene dos obras que merezcan realmente la pena, Ana Karenina y Guerra y paz, y aquí están las dos, la primera en la casilla número 6 y la segunda en la número 9. Tampoco le va mal a su compatriota Dostoievski, que logra un hat trick, en las posiciones 12, 13 y 55, con Los hermanos Karamazov, Crimen y castigo y El idiota.

Pero no hay duda de que los grandes triunfadores entre los escritores modernos son Marcel Proust y Kafka, lo cual debe de querer decir que los escritores españoles quizá andan algo bajos de moral. El autor de A la sombra de las muchachas en flor es el único que le hace sombra a Cervantes y logra el segundo lugar con En busca del tiempo perdido. El de El proceso y La metamorfosis alcanza con ellas, respectivamente, los números 4 y 5; coloca sus Diarios en el 64, y también logran varias menciones otros libros suyos como El castillo o La muralla china, aunque no, sorprendentemente, La condena. Eso sí, resulta obvio que la pervivencia de Kafka tiene mucho más mérito que la de Proust, teniendo en cuenta que si una de las frases más célebres del segundo es que "los seres humanos no deberíamos cometer el error de pensar que el presente es el único tiempo posible", la más conocida del primero es: "Max, quémalo todo".

Las 10 primeras plazas las completan Herman Melville, con Moby Dick, y Antón Chéjov, con sus cuentos. No está mal esto último, si tenemos en cuenta la forma en que se burlaba de la fama el creador de Tío Vania, La gaviota y El jardín de los cerezos: uno de sus cuentos es la historia de un hombre que llega una noche a su casa lleno de heridas, pero feliz porque le acaba de atropellar un coche de caballos en una plaza de Moscú. Su familia, estupefacta ante la alegría que parece sentir mientras la sangre le corre por la piel y empapa sus ropas destrozadas, le pregunta cómo es posible que esté tan contento, y él responde: "Pero ¿es que no os dais cuenta? ¡Mañana mi nombre saldrá en todos los periódicos de la ciudad!".

Para los amantes de los análisis de género resultará aparatosa la proporción de mujeres que ha dado la lista de los 100 escogidos, en la que sólo hay cinco escritoras: Carson McCullers, Emily Dickinson, Virginia Woolf, Jane Austen y Simone de Beauvoir; la primera, en el puesto 28, y la compañera de Sartre, en el último, el 100. Claro que entre los encuestados hay 23 mujeres y 77 hombres, pero eso, naturalmente, no tiene ninguna influencia. Almudena Grandes, por ejemplo, sólo pone a tres mujeres en su lista: Louise May Alcott, la autora de Mujercitas; Ana María Matute, con Los hijos muertos, y Carmen Martín Gaite, con Usos amorosos de la posguerra española. Rosa Montero, a otras tres: Mercè Rodoreda, George Elliot y Selma Lagerloff. Y la propia Ana María Matute, sólo a una: Emily Brontë. Por cierto, que como la autora de El corazón helado reserva un puesto en su clasificación para Habitaciones separadas, un libro de su marido, Luis García Montero, y éste, a su vez, le hace hueco a Las edades de Lulú, que tal vez cambiaron sus vidas porque los llevaron al uno hacia el otro, me pregunto a cuántos de los autores seleccionados les hubiesen gustado sus seleccionadores. Apostar siempre es ponerse en peligro, pero me juego algo a que a Kafka le habría caído bien Juan José Millás; Proust pudiera haber congeniado con Javier Marías; a Balzac y Thomas Mann no les habría importado tratarse con Mario Vargas Llosa; Dostoievski se habría encontrado en su salsa con Juan Gelman, y es posible que a Samuel Beckett le causase buena impresión Justo Navarro, aunque quizá lo encontrara un poco raro. Otras relaciones me parecen más que improbables, pero prefiero reservarme mi opinión. Además, sólo era un juego. Eso sí, hay quienes en ese juego se lo habrían puesto difícil a sí mismos, como Ray Loriga: J. D. Salinger, Joseph Conrad, Cormac McCarthy, Vladimir Nabokov. Vamos, unas peritas en dulce.

Elegir es descartar, y uno observa divertido el sufrimiento de algunos colegas a la hora de dejar fuera de su lista a algunos de sus autores predilectos. Hay quien intenta salvarlo con el ardid de meter las obras completas de alguno, para matar así todos sus pájaros de un tiro, como hacen Gustavo Martín Garzo con las de Kafka; Marta Pesarrodona con las de Federico García Lorca; Julián Rodríguez con las de Onetti; Agustín Fernández Mayo con las de José Ángel Valente; Clara Janés con las de Shakespeare; Soledad Puértolas con las de Baroja; Carlos Monsiváis, Nuria Amat y Horacio Vázquez Rial con las de Borges, o Isaac Rosa con el teatro de Bertolt Brecht.

Otros entregan los libros atados por parejas, como José Manuel Caballero Bonald, que le da el 2, el 3 y el 4 de su selección a las Soledades y la Fábula de Polifemo y Galatea, de Luis de Góngora; el Quijote y el Persiles, de Cervantes, y las Iluminaciones y Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud. O como Javier Marías, que junta Ricardo III y Macbeth en el primer puesto de su lista, y El corazón de las tinieblas y El espejo del mar, de Joseph Conrad, en el tercero.

Santiago Gamboa y José Carlos Llop cuelan todo El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell, igual que otros empujan para que les quepa todo Balzac o todo Proust. Y Juan Marsé avisa de que aquí y ahora se decide por esos 10 títulos de Stendhal, Robert Louis Stevenson, Flaubert, Kafka, Juan Rulfo, William Faulkner, Scott Fitzgerald, Luis Cernuda, Pío Baroja y Albert Camus, pero que también podrían haber sido otros, y de esa forma, a base de hacerse el enfadado, gana a estas páginas sitio para otros cuantos libros. En resumen, que el problema no es con qué te quedas, sino a qué renuncias. Igual que en el resto de la vida.

La pregunta de EL PAÍS parece sencilla, pero tenía trampa. ¿Qué 10 libros han cambiado tu vida? Eso quiere decir que lo que se trataba de saber era, entre otras cosas, qué obras y autores nos habían abierto la puerta de la literatura o metido en la sangre la vocación de escribir. No se trataba de saber cuáles nos gustan más, nos han influido más profundamente o consideramos más importantes. Por eso es rara la poca presencia de libros infantiles o juveniles, que son los primeros que suelen llamar la atención y marcar la línea de salida del futuro.

Si miro mi propia lista, me doy cuenta de que no dice toda la verdad, porque empieza muy tarde, con los autores y las obras que leí cuando ya sospechaba que iba a intentar ser escritor. Pero, ¿y antes de eso? ¿Dónde están los libros de Los Cinco, de Enid Blyton, o los de Walter Scott, como Ivanhoe y La flecha negra? ¿Y Robin Hood? ¿Y las novelas de Salgari, y las de Julio Verne? ¿Y la poesía de Garcilaso de la Vega, un poco más adelante?

A los demás les habrá pasado algo parecido, pero tampoco tiene mucha trascendencia, porque puede haber por ahí alguno más pretencioso, pero estoy seguro de que todos ellos pasaron más tiempo del que pueda creerse pensando su lista; todos miraron sus bibliotecas con cuidado para asegurarse de que no cometían un olvido que luego iban a lamentar, y ninguno de ellos se tomó a broma el encargo. Y todos van a leer estas páginas con lupa por dos razones: para ver qué han dicho sus colegas y para comprobar qué suerte han corrido sus escritores, esa gente que tal vez haya cambiado su vida y tal vez no, pero que, en cualquier caso, los ha acompañado desde el principio, ha ido con ellos a todas partes, porque un escritor no tiene una sombra, sino muchas: sombras escritas que se llaman Kafka, o Cervantes, o Proust, y sin las que el cuerpo que las proyecta no sería nada. Sé que les habrá costado elegir, pero eso sólo demuestra que, además de buenos escritores, son buenos lectores. Más triste hubiera sido no tener dudas, porque el que no duda es que no tiene dónde elegir.
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Lista completa de libros

DOCUMENTO (PDF - 188,65Kb) - 10-08-2008

domingo, 30 de septiembre de 2007

En la era digital, la memorización se está extinguiendo

Conforme aumenta el espacio de almacenamiento en los chips del ordenador, el almacenamiento humano de datos mengua

Las estrellas del pop olvidan las letras de las canciones, las reinas de la belleza echan a perder las entrevistas durante los concursos; todo el mundo experimenta averías momentáneas en el cerebro y lapsus de memoria. Pero, ¿por qué culpar a las víctimas? Son solamente el producto de una cultura que no favorece el desarrollo de la capacidad memorística.

Se ha vuelto fácil olvidar cómo enseñar a los jóvenes a recordar. El ideal victoriano del conocimiento enciclopédico ha desaparecido. Con la actual explosión de información, nadie podría saberlo todo. Además, nadie se siente motivado para saber siquiera un poco, y desde luego no por la vía de memorizarlo.

Conforme aumenta el espacio de almacenamiento en los chips del ordenador, el almacenamiento humano de datos mengua. Con los teléfonos móviles, ya nadie se sabe los números de teléfono. Los mecanismos de búsqueda en Internet se multiplican, y las cosas que antes confiábamos a nuestro cerebro, las tenemos ahora en las puntas de los dedos siempre que seamos capaces de recordar las contraseñas.

Los discursos y la declamación, que fueron en tiempos elementos básicos del sistema escolar estadounidense, han ido desapareciendo gradualmente. Los programas de retórica en las universidades se han reducido, incluidos los departamentos de comunicación, o eliminado definitivamente.


"Ya no tenemos ese tipo de cultura oral", se lamenta James Engell, autor de The committed word. Literature and public values['La palabra comprometida. Literatura y valores públicos'], que enseña retórica en Harvard. "Estamos en una cultura que devalúa nuestro concepto de la memoria".

En aquellos tiempos en los que John Quincy Adams enseñaba retórica, poco después de la revolución estadounidense, afirma Engell, "ésta era un paraguas bajo el cual desarrollabas la filosofía moral, el gusto literario, el estilo intelectual, la apreciación estética, la memoria y la presentación oral. El objeto último era lo que los griegos denominaban 'phrónesis', o sabiduría práctica".

Catherine Robson, de la Universidad de California en Davis, señala que había también "una antigua herencia en la educación estadounidense, en la cual la declamación era el modelo pedagógico habitual".

La profesora, autora de Heart beats: Everyday life and the memorized poem ['Latidos. Vida cotidiana y poesía memorizada'], recalca que "todo se memorizaba, no sólo la poesía. Saberse la lección. La palabra recitar significa repetir cualquier lección".

La memoria poética perduraba, incluso aunque ya hubiera desaparecido cualquier otra enseñanza memorizada. Pero nadie podía probar que ello ayudara al desarrollo de la mente. "Esa fue una de las grandes justificaciones esgrimidas en los últimos años del siglo XIX: que ayuda a entrenar la memoria", añade Robson.

Pero los científicos contemporáneos han descubierto que los ejercicios de memorización pueden mantener a raya la demencia, alumbrando el mundo del 'neurobic' [entrenamiento cerebral].

La memoria necesita entrenamiento, igual que los músculos abdominales. Los investigadores han demostrado incluso que recitar poesía en hexámetros dactílicos, una especie de contador, puede ayudar a sincronizar los latidos cardiacos y la respiración.


Por supuesto, la tradición oral ha estado en decadencia desde la antigüedad. El auge de la alfabetización y de la tecnología literaria paró los pies a la tradición oral y llevó a una crisis de comunicación que, como sostenía Eric Havelock en su famoso libro The muse learns to write['La musa aprende a escribir'], tendría su reflejo en la modernidad. El actual analfabetismo funcional y las nuevas tecnologías complican todavía más el problema, al ofrecernos más memoria libre y más sucesos fragmentados que nunca.

Y no ayuda el hecho de que carecemos de tiempo para la reflexión. "La idea de dedicar mucho tiempo a una sola cosa, o a un solo poema, o a un solo fragmento de datos parece una pérdida de tiempo, porque podrías estar ejecutando varias tareas a la ver", señala Joan Gussow, profesora en el Columbia Teachers College de Nueva York.

A pesar de los recientes intentos de recuperar la tradición oral, como 'Poetry out loud', una competición nacional de recitado entre institutos, a los que pueden recitan largas composiciones memorizadas se les considera raros (mientras que a los que se les da bien repetir perogrulladas una detrás de otra se les considera aptos para presidir un país).

"Una de las razones por las que me gusta trabajar en el teatro es que éste no solamente dignifica el concepto de memoria, sino que además es una forma de arte que alude a la memoria cultural", contaba el autor de teatro A. R. Gurney.

Gurney se sorprendió cuando Cartas de amor, que escribió como una obra literaria, se consideró una obra de teatro, y fue interpretada guión en mano por actores que no tuvieron que memorizar ni una palabra. Pronto vinieron otras obras escritas para ser leídas, como Monólogos de la vagina, de Eve Ensler, y Los exonerados, de Jessica Blank y Eric Jensen, y que atrajeron a encumbrados actores con la promesa de que los ensayos serían cortos y de que no tendrían que poner a prueba la memoria.

"Me parece que, en cierto sentido, pedir a los actores que se limiten a leer un guión, aunque funciona muy bien, no contribuye demasiado a la cultura", concluye Gurney.


miércoles, 5 de septiembre de 2007

domingo, 1 de abril de 2007

Museo del Prado: La nueva ampliación


Una imagen vale más que mil palabras por lo que me limitaré a poner unas imágenes y enlaces a distintas noticias para que el que esté interesado pueda ampliar sus conocimientos y se anime a ver la ampliación de Moneo in situ. Así primero un enlace al Museo del Prado donde se ve como era antes, también por ejemplo en el 2001, coincidiendo con el inicio de las obras de ampliación el periódico El Mundo publicó un gráfico interactivo bastante interesante, durante las obras el arquitecto fue evolucionando en su discurso sobre la ampliación.

En relación a las distintas noticias publicadas hoy pongo los enlaces al ABC, El Mundo, El País, La Razón y a las últimas palabras de Moneo. Por último un par de enlaces a otras fotografías para preparar vuestra visita al Museo del Prado.



sábado, 24 de febrero de 2007

Chimpancés cazan en Senegal con lanzas afiladas con los dientes

Un grupo de chimpancés ha sido visto usando lanzas para cazar en Senegal, según la revista Current Biology. La noticia modifica la opinión que se tenía sobre el nivel de evolución de los grandes simios. Hasta ahora se conocía que los chimpancés empleaban utensilios para romper la cáscara de algunos frutos y para pescar termitas, pero nunca se había observado el empleo de utensilios sofisticados para cazar.

Chimpancé

Los investigadores han registrado 22 ejemplos en los que las chimpancés han utilizado pequeños utensilios, afilados con los dientes, para cazar gálagos que dormían en ramas o troncos huecos. La investigación está dirigida por Jill Pruetz y Paco Bertolani, de la Universidad de Iowa (EE.UU.), ha estudiado la comunidad Fongoli, con chimpancés que habitan la sabana al sureste de Senegal.

En la mayoría de los casos, los simios efectuaban cuatro pasos para elaborar las lanzas de caza. En todos los casos excepto en uno, las chimpancés arrancaron una rama para manufacturar su utensilio. A continuación pelaban las ramas pequeñas y las hojas afilándola con los dientes.


Lanza utilizada por los Chimpancés

De momento sólo las hembras emplean estas pequeñas lanzas de madera, pero en la observación del grupo se vió a las hembras acompañadas de miembros inmaduros de su grupo, por lo que nunca se sabe. Los machos siguen utilizando su mayor fuerza para obtener alimentos.

Los investigadores plantean que los chimpancés han tenido que encontrar nuevas formas de conseguir comida porque viven en un entorno poco habitual para su especie.

Enlaces a la noticia en El Mundo y en El País