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miércoles, 23 de mayo de 2007

Centenario de Hergé (1907-2007)


Tintín
Por Jon Juaristi

Georges Remi (Hergé) nació en Bruselas, el 22 de mayo de 1907, y murió setenta y seis años después en la misma ciudad, el 3 de marzo de 1983. Se nos echa encima su centenario y ya el Centro Pompidou ha inaugurado el miércoles una amplia exposición de su obra, que se clausurará el 23 de abril. Hergé fue, sobra decirlo, el padre de Tintín. En la España franquista, Tintín definía una frontera social: los niños del pueblo no leían a Tintín, monopolio de los hijos de la burguesía. Sus aventuras no se encontraban en los quioscos. Los álbumes de la benemérita editorial Juventud eran todavía un producto de lujo expendido por las librerías. Luego, sus lectores crecieron, se hicieron progres y abogados laboralistas y dieron en pensar, con razón, que Tintín lo tenía todo para representar la perfecta Bildung de derechas. Muchos de ellos quemaron su colección y se interesaron por los tebeos que leyó el proletariado de su tiempo. Descubrieron así a Roberto Alcázar y al Pedrín de ¡ostras, Pedrín!, un Tintín español sin copete y con una porra de plomo en un bolsillo y un frasco de aceite de ricino en el otro.

En la Bélgica del cardenal Mercier, Hergé comenzó su carrera como ilustrador de libros piadosos y autor de tiras cómicas en revistas del escultismo católico. Fue amigo de juventud de Léon Degrelle y nunca se le conocieron devaneos izquierdistas. Es más que probable que tuviera hacia los judíos la tópica fobia religiosa que se respiraba por entonces en los medios eclesiales, pero parece exagerado considerarle un antisemita. Todas las supuestas pruebas que se han aducido a favor de esta imputación resultan insuficientes o simplemente estúpidas: por ejemplo, que los floridos exabruptos del capitán Haddock se inspiraran en las Bagatelles pour un massacre, el criminal libelo de Louis-Ferdinand Céline, o que, en 1942, Le Soir, un diario colaboracionista, publicara por entregas La Estrella misteriosa. Lo cierto es que el muy anticomunista Hergé se abstuvo de trufar de antisemitismo sus historias y que no hay en las mismas apología alguna del fascismo (compárense con los tebeos españoles de la posguerra). Entre las justificaciones que dan de su tintinofilia los adeptos de izquierda, que los hay, destaca como particularmente ridícula la que Albert Algould publica en Le Nouvel Observateur de la pasada semana: «Por abrumadores que sean los hechos, no hacen más que reforzar mi creencia en una existencia de los personajes totalmente separada de su creador». Ni hay hechos abrumadores que mencionar ni personajes independientes de su autor. Lo que pasa es que Hergé era un tipo relativamente decente, para lo que entonces se llevaba.

El primer traductor español de Tintín fue un vasco. Un bilbaíno unamuniano, católico, liberal y federalista. A José Miguel de Azaola se deben, entre otros felices hallazgos, los nombres de Hernández y Fernández para los detectives belgas Dupondt, esa pareja de mellizos autistas que visten como Charlot (según Pierre Assouline, el gran biógrafo de Hergé, las películas de Charles Chaplin fueron para aquél una fuente inagotable de inspiración). No pecó Hergé de original: a Tintín se le han encontrado muchos modelos, desde las ilustraciones de Doré a Riquete el del Copete de Perrault hasta la Bécassine de Pinchon y Caumery, pasando por su antecesor innegable, Tintin-Lutin, de Benjamin Rabier, el creador del pato amarillo Gedeón. Sus aventuras están llenas de tópicos absurdos. Tiene que poner un yeti en el Tibet y un culto solar incaico de sacrificios humanos en los Andes. Recurre sin pudor a los gags del cine mudo: resbalones en el suelo encerado, choques contra farolas y palmeras, empuñaduras de bastones que se enganchan en cualquier saliente. Pero Tintín no es un tontín. Sabe que existe la maldad sin motivo y que hay enemigos tenaces e irreducibles, lo que, a estas alturas, es más de lo que se puede esperar de bastantes políticos. De ahí que, en situaciones desesperadas, convenga repetir como jaculatoria un endecasílabo épico (todos los suyos lo son) de Luis Alberto de Cuenca: «Defiéndenos, Tintín, que nos atacan».

Fuente: ABC

sábado, 17 de marzo de 2007

300: Cómic vs Cine

Últimamente el Cómic está de enhorabuena, algunos de sus trabajos se están llevando al cine dignamente y reavivan el mercado, entre los últimos estrenos reseñar el de éste fin de semana, 300 basado en el cómic homónimo de Frank Miller, según el autor se basó en la película "El león de Esparta" (1962) la cual vio por primera vez con 5 años y le impresionó. Algunos años después es su cómic el que sirve de base para una película espectáculo, según los iraníes película-agresión, donde de nuevo se retoma un hecho histórico, La batalla de las Termópilas, para ilustrar la hazaña de Leónidas y los 300 hoplitas espartanos. Espero que muchos de nuestros alumnos vayan al cine y se empapen un poco de cultura clásica, aunque sea enmascarada como ejercicio de acción. Otro buen cómic de Frank Miller llevado al cine fue Sin City, ya veremos si 300 tiene más éxito de crítica o de taquilla.
Comparativa Cómic con Película

Recientemente se estrenó Corto Maltés basado en los cómics de Hugo Pratt, las distintas versiones de películas de los cómics de la factoría Marvel, como Spiderman (pronto se estrena Spiderman 3), Los cuatro fantásticos (se esta preparando una secuela), X-Men... y logicamente no hablamos de cómics clásicos cómo Superman, Batman, Tintin, Asterix, Mortadelo y Filemón, etcétera que han sido llevados a la gran pantalla con diversa fortuna.

Gratamente sorprendido he encontrado la web del polifacético y prolífico Manuel Bartual, autor de cómics, diseñador... el cual me ha autorizado a publicar algunos de sus trabajos en mi blog, pondré un enlace permanente a su obra y ocasionalmente utilizare alguna de sus magnificas obras para ilustrar distintas entradas en Herederos de Arthur Gordon Pym, el cómic español sigue creciendo gracias a él y a muchos de los autores de los que tiene enlaces en su weblog (incluido el cacereño Fermín Solís). Como ejemplo de su trabajo os pongo la primera tira de la serie "Con amigos como estos", que en palabras de su autor son "las andanzas de Álex, Miguel y Fernando, tres veinteañeros preocupados, principalmente y por este orden, por el sexo, por el sexo y por el sexo. Como todo buen veinteañero".¡Gracias por todo Manuel!